Crítica

Gramsci distinguía entre la crítica mezquina y aquella que adquiría un carácter orgánico. Por la primera, el «crítico» se explaya en nimiedades, cuestiones completamente secundarias, acusaciones personales, hechos aislados, retórica y seudo argumentos ad hominem. Sobre todo, gusta de colocarse en el centro del mundo y de ver su postura como esencial. Vuelca, en particular, sus apreciaciones subjetivas y, sin mayor consecuencia, acusa a los demás de lo que le cabe a él más que a ninguno. El esquema siguiente es el más común: este individuo tuvo esta actitud (mandó a alguien a leer, por ejemplo), esta actitud revela el carácter de una organización, esta organización es muestra de toda la izquierda. El fulano en cuestión no pasa de ser una especie de Jorge Rial seudo izquierdista, que cree que con ese método descula los grandes problemas. La crítica orgánica, por el contrario, pasa por alto los detalles, presta atención a las tendencias generales y, por sobre todas las cosas, es capaz de asimilar el grano de verdad presente en su contendiente. Digo, como para orientarse en Facebook y otras yerbas.

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