Entre la esencia y la apariencia, clase y estructura: ¿Qué es un chacarero?

La respuesta a la pregunta del título ilumina la interpretación que se tenga de la trayectoria económica y social argentina. ¿La Argentina es un capitalismo pleno? ¿Necesita de una reforma agraria? ¿Está lista para el socialismo o necesita un paso intermedio? ¿Qué se puede hacer con los chacareros? ¿La “alianza obrero-campesina” tiene sentido en la Argentina? Texto inédito, a publicarse en un futuro quién sabe cuán cercano, en Tierra y Libertad. Ensayos sobre la cuestión agraria pampeana, Ediciones ryr.


Introducción

El tema de esta ponencia es uno de los más disputados en la historiografía pampeana. A la definición del chacarero como clase se encuentran atadas una serie de problemas y, por lo tanto, de soluciones, de capital importancia para el examen de la economía y la sociedad argentinas. El grado de desarrollo capitalista, si es que no es esta caracterización objeto de disputa, las características de las clases y la explicación a muchos fenómenos políticos y sociales de la historia argentina, dependen de la naturaleza que se le asigne al chacarero pampeano.

  Dado que una clase surge siempre de una relación social (aunque no es la relación misma) su definición es siempre función de esa relación. Las clases se definen por su relación con los medios de producción, lo que equivale a decir que se definen por relación a las otras clases. Un obrero sólo es tal por relación a la burguesía: las relaciones con las cosas siempre son relaciones entre clases. De modo que la impugnación tradicional a una definición estructural de las clases basada en la «cosificación», ignora que la propiedad de «cosas» implica una relación previa entre personas.

Esta ponencia defiende este tipo de definición como válida para cualquier clase social e intenta aplicarla al chacarero pampeano enfrentando a quienes la impugnan desde la negación misma de las clases o desde una formulación posmoderna. Hace, al mismo tiempo una distinción clara entre la clase y el modo de manifestarse coyunturalmente, como aspectos de contradicción en el desarrollo de las clases. Entre las conclusiones se encuentra, tanto que el chacarero no existe, como que su existencia expresa una de las formas posibles de aparición de la pequeña burguesía en el plano político.

El núcleo del problema consiste en despejar la esencia de la apariencia y ver a ambas como la contradictoria dinámica de la forma expresando la esencia, donde una y otras constituyen diferentes maneras del existir en el mundo real de las clases sociales. Esto permite recuperar en forma jerarquizada tanto la definición estructural como la preocupación por entender cómo las clases se ven a si mismas o cómo alguna fracción logra subordinar a las otras en la creación de una imagen determinada de sí misma y del conjunto. También permite recuperar la historia de las clases como la historia de la sociedad que ellas forman, en este caso, el capitalismo.

¿Qué son y cómo aparecen históricamente las clases?

Las clases tienen su origen en las relaciones sociales que las fundan. En consecuencia, definir una clase implica señalar el tipo de relación que las une. Pero las relaciones no se trazan en el vacío sino en torno a algo. En la medida en que la vida misma es fundante de la vida social, puesto que no podría existir la segunda sin la primera, las relaciones que se constituyen para producir y reproducir la vida son las relaciones esenciales de la sociedad humana, la única forma de existencia de la vida humana, es decir, como vida social. De allí que la vinculación entre personas se establece mediante cosas: la propiedad o no de los medios con los cuales se produce y reproduce la vida, es decir, los medios de producción. La existencia de un acceso diferencial a los medios de producción es lo que hace que las relaciones entre clases sean antagónicas y que el principal fenómeno que emerge de ellas sea la explotación. Entonces, una definición comprensiva de clase social es la siguiente:

Clase (esencialmente una relación) es la expresión social colectiva del hecho de la explotación, la forma en la que la explotación se encarna en una estructura social. Por explotación yo quiero decir la apropiación de parte del producto del trabajo de otros. Una clase (una clase particular) es un grupo de personas en una comunidad identificada por su posición en el conjunto del sistema social de producción, definido sobre todo por su relación  (centralmente en términos del grado de propiedad o control) de las condiciones de producción (esto es, los medios de producción) y con otras clases … Los individuos que constituyen una clase determinada pueden ser o no completa o parcialmente concientes de su propia identidad e interés común como clase, y pueden o no sentir antagonismo hacia los miembros de las otras clases como tales.[i]

Debe recordarse, además, que «propiedad» debe entenderse no en términos jurídicos sino en términos de control efectivo.[ii]

Si la base de la vida social en las sociedades de clase está signada por la explotación y la división de la sociedad en tales grupos, toda sociedad de clases se origina en la creación de un «set» de relaciones sociales fundamentales, la base económica de la sociedad. Puede incluir o no otras relaciones subordinadas (y en tal caso es ese conjunto el que forma la «sociedad» o «formación social»).[iii] Incluyendo relaciones subordinadas o no, la dinámica de esa sociedad está marcada por este set específico de relaciones que constituye su núcleo esencial. Va de suyo que las características de este «set», el «modo de producción» dominante, determina en última instancia el conjunto de la vida social. La naturaleza histórica de todo modo de producción está dada no sólo porque es un producto de la acción humana, sino también porque no aparece en el vacío social ni físico: el análisis de una sociedad determinada debe comenzar por este «set» de relaciones pero debe incorporar al análisis la «vía» por la que ha llegado a ser y las condiciones en que opera. Esto no anula las leyes básicas que rigen la dinámica de la sociedad en cuestión, leyes impuestas por las relaciones sociales fundamentales, sino que constituyen el medio en el que se mueven (incluyendo las superestructuras sociales, el nivel de las fuerzas productivas y su vinculación con otras sociedades iguales o diferentes). Ese medio, sus condiciones históricas de operabilidad, es el que explica por qué sociedades caracterizadas por el mismo patrón básico no son exactamente iguales ni se comportan exactamente de la misma manera. 

Así las cosas, el movimiento histórico de la sociedad sigue un patrón básico dado por sus relaciones sociales fundamentales que se manifiestan a través de su medio concreto. La diferencia entre lo que sería el tipo ideal de comportamiento si la sociedad no se compusiera más que de ese «set» de relaciones operando en el vacío y el comportamiento real de ese «set» operando en su medio histórico concreto es lo que crea la distancia entre lo que Gramsci llamaba los movimientos «orgánicos» y los «coyunturales».[iv] Que algo sea «orgánico» significa que corresponde al movimiento profundo de la sociedad. Hay en Gramsci una concepción de la vida social que parece remitir a una metáfora de tipo geológico: capas de diferente densidad se superponen hasta subir a la superficie, desde lo importante a lo episódico. En cierto sentido, remite a la forma en que Marx establece la relación entre el valor y los precios. Remite también al tratamiento marxista del fetichismo y la diferencia entre esencia y apariencia. Es también el pasaje de lo objetivo a lo subjetivo, de la necesidad a la libertad y, probablemente, de lo inconsciente a la conciencia. Remite, por supuesto, a la problemática de la clase en sí y para sí. El nivel más profundo corresponde al movimiento casi material de la vida social, su aspecto más inercial, el marco de posibilidad del resto de la realidad. Los cambios a este nivel son lentos pero duraderos, orgánicos. A medida en que se asciende los fenómenos tienden a estar determinados por este nivel primordial, aunque no carecen de autonomía frente a él. Se explican por remisión a su propia historia pero, sobre todo, por remisión a su «substrato». La mejor expresión de esta concepción se encuentra en el análisis de las relaciones de fuerzas.

Para Gramsci, cada formación social tiene una determinada estructura económica de carácter objetivo, independiente de la conciencia de los sujetos acerca de las mismas. Sobre el grado de desarrollo de las fuerzas productivas materiales surgen los grupos sociales, ocupando diferentes posiciones. Por este nivel, el de las relaciones de fuerzas materiales entre clases, hay que comenzar para analizar si existen en una sociedad las posibilidades para su transformación, para examinar el grado de «realismo» de las diversas ideologías que nacieron de ella misma, «en el terreno de las contradicciones que generó durante su desarrollo.» 

De estas relaciones de fuerzas objetivas sociales podemos derivar la relación de las fuerzas políticas, es decir de las fuerzas organizadas en partidos. Gramsci establece dos momentos iniciales de bajo desarrollo de la conciencia de tales relaciones objetivas: el momento económico-corporativo (unidad profesional) y de solidaridad de grupo social en un plano económico (donde todavía no hay lucha por el poder). La fase más directamente política, cuando el grupo corporativo supera sus intereses económicos inmediatos e intenta abarcar los «intereses de otros grupos subordinados», es la del 

… neto pasaje de la estructura a la esfera de las superestructuras … en la cual las ideologías ya existentes se transforman en «partido», se confrontan y entran en lucha hasta que una sola de ellas, o al menos una sola combinación de ellas tiende a prevalecer, a imponerse, a difundirse por todo el área social, determinando además de la unidad de los fines económicos y políticos, la unidad intelectual y moral … sobre un plano «universal» y creando así la hegemonía de un grupo social sobre una serie de grupos subordinados.

El «neto pasaje de la estructura a la esfera de las superestructuras» significa que ese sistema de capas no es inmóvil y que, en su devenir, los estratos más profundos tienden a emerger, a irrumpir en la superficie, barriendo con las particularidades y los epifenómenos para mostrarse directamente. Equivale a decir que, en el desarrollo de la confrontación entre clases, «lo esencial es invisible a los ojos» sólo en forma temporaria, en tanto el propio movimiento tiende a hacer explícita su esencia. En ese momento, todos los elementos accesorios se reducirán a su aspecto orgánico o bien desaparecerán. Precisamente, ese manifestarse de lo orgánico significa la irrupción en el plano de la política inmediata de las contradicciones elementales de la vida social. El que los contrincantes ubicados en los extremos de esas relaciones de fuerza sean plenamente concientes o no y se hayan predispuesto adecuadamente o no, signará su suerte en el momento álgido del proceso: si las nuevas fuerzas logran vencer en el plano «militar», metáfora que remite a la confrontación directa y violenta entre clases y no a la forma en que se da esa confrontación (en grandes asaltos armados, en manifestaciones callejeras, etc., etc.), la irrupción de lo orgánico significa la imposición de una nueva realidad, de nuevas relaciones sociales y de un nuevo tipo de estado. La historia habrá saltado una etapa. Si las fuerzas resistentes llegan a la confrontación en mejores condiciones, lo orgánico volverá a sumergirse y todo volverá a comenzar otra vez a partir de una nueva relación de fuerzas pero entre los mismos términos. Lo importante es que cada nivel de manifestación de las relaciones de fuerza corresponde a un ámbito distinto de la realidad, ámbitos que mantienen entre sí una relación que excede la mera superposición. Un análisis detallado de todos los niveles es clave en la conformación de una estrategia política. La clave del triunfo de una de las fuerzas sobre la otra está en la conciencia de los objetivos de la fuerza adversaria: «… debido a esa conciencia, su «subjetividad» era de una calidad superior y más decisiva», porque al comprender los objetivos de la fuerza antagónica, lo que estaba comprendiendo era la esencia del conflicto, la tendencia orgánica fundamental. Podríamos replantear aquí el tan traído y llevado tema de la «autonomía» de la política en Gramsci: el movimiento histórico de la estructura crea la necesidad pero no la resuelve. Esto último corresponde a la lucha de clases. Esta puede ser abierta o larvada, como señalan Marx y Engels en el «Manifiesto», dependiendo ello de que la situación se haya desarrollado o no, de que las leyes puestas en movimiento por ese «set» hayan actuado o no. 

Esas leyes son económicas en el sentido marxista y en el sentido vulgar de la expresión:

son leyes que rigen el conjunto de la dinámica social y que, en el caso capitalista se encuentran subsumidas a la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Esta es la razón por la que suele darse cierta sincronía importante entre la crisis social y la crisis económica en tanto no son más que aspectos de la crisis de las relaciones básicas fundamentales. En esas crisis no sólo se encuentra en peligro la reproducción de los «negocios» sino la valoración del conjunto de la riqueza social, es decir, la reproducción del set de relaciones básicas, lo que Gramsci llama una crisis orgánica. En esas crisis se da el «neto pasaje» y las clases aparecen tal cual son a plena luz haciéndose perceptibles también sus fracturas internas. 

La existencia de una «esencia» y una «apariencia» significa que la totalidad de la vida histórica tiene realidad y que no sólo debe ser explicado por qué existe esa esencia sino también por qué se manifiesta como lo hace en el momento en que lo hace. Siendo ambas reales, sus respectivas realidades no tienen la misma jerarquía: la manifestación se explica sólo por lo manifestado y no a la inversa. 

¿Qué es un chacarero?: un breve repaso de respuestas adecuadas y no tanto…

Ansaldi ha sintetizado el abanico de opiniones acerca del chacarero: campesino, campesino enfrentado a la expoliación y los abusos feudales, campesino de tipo capitalista, capa capitalista de origen campesino, productor familiar capitalizado, farmer, prefarmer, productor directo expoliado por terratenientes, pequeña y mediana burguesía, pequeño productor capitalista, pequeño productor mercantil, pequeña burguesía rural propietaria, agricultor arrendatario, burguesía agraria federada, burguesía agraria frustrada. El mismo Ansaldi prefiere transformar la categoría histórica en categoría analítica y llamar chacarero al chacarero.7

Un somero análisis reducirá, sin embargo, la aparente proliferación a no más de dos o tres posibilidades. Primero, definir a una clase implica decir qué es y no qué quiso o no pudo ser, qué fue en el pasado o va a ser en el futuro. Expresiones como «capa capitalista de origen campesino», «pre-farmer» o «burguesía agraria frustrada» quedan descartadas, porque eluden la designación directa. Segundo, toda definición debe designar a un objeto y no a varios, salvo que se trate de un objeto compuesto. En consecuencia, una definición que señale al chacarero como «pequeña y mediana burguesía», salvo que pueda probar que se trata de un objeto compuesto, en realidad está anulándose a sí misma. Tercero, no pueden aceptarse definiciones históricas por la misma razón que se rechaza el empirismo: al nominar a la realidad tal como ella se llama a sí misma, aceptamos como homogéneo algo que puede no serlo y olvidamos que las «mezclas» históricas llevan la marca del poder social, con lo cual podemos terminar comprando una descripción intencionada de la realidad. Términos como «farmer» o «chacareros» terminan eliminando el problema por la vía de no plantearlo. Cuarto, aquellas definiciones que no hacen lugar central a las relaciones sociales que dan vida a las clases pueden hacer recaer el carácter distintivo en cuestiones secundarias: «agricultor arrendatario» y «burguesía agraria federada» parecen decir que un chacarero podría ser un productor cerealero que arrendara 10.000 has. tanto como uno que arrendara 50 (puesto que basta que se dedique a la agricultura y arriende) y que un propietario de 50 has dedicadas a la ganadería formaría otra clase; o que un burgués no «federado» no es chacarero mientras un campesino aceptado en la federación sí.7 

En consecuencia, excluyendo estas definiciones, nos queda un abanico de tres posiciones básicas: campesino (subsumiendo por ahora sus diferencias), pequeño burgués (incluyendo términos análogos: productor directo mercantil y pequeño productor capitalista) y burgués. En todas estas definiciones se cumple el requisito básico, a saber, el concentrarse en el tipo de relaciones sociales que dan vida al personaje.

Comencemos por desbrozar la categoría «campesino». Sea cual sea la definición de «campesino», es necesario reconocer que no es correcto mantener el nombre para designar a una realidad transformada. Como veremos, «campesino» sólo tiene sentido en un contexto precapitalista y nadie, por lo menos en voz alta si queda alguno, defiende hoy una estructura no capitalista para el agro pampeano. Un expresión como «campesino de tipo capitalista» es una contradicción en sus propios términos y sólo puede entenderse como una fórmula histórica que arrastra el nombre a nuevas realidades. En consecuencia, esta fórmula puede designar a un pequeño burgués o bien a un burgués hecho y derecho.

Con respecto a «productor directo mercantil» o «pequeño productor capitalista» se manifiestan nuevos problemas. En principio, ambas enfatizan la orientación mercantil pero la primera denota a un productor (es decir, un productor de valor, o sea, un trabajador) que no es explotado ni explota. Cuentapropista, artesano o alguna otra fórmula histórica encubren a quien gana su subsistencia ofreciendo en el mercado los productos de su propio trabajo. No vende su fuerza de trabajo ni la compra sino que vende trabajo. El segundo alude tanto a un pequeño burgués como a un burgués (pequeño o no, no importa a los efectos de al definición). La historia del agro pampeano está lo suficientemente desarrollada como para poder excluir al primero de los dos: cualquiera que sea la importancia de un personaje tal en la historia humana, poco tiene que ver con la pampa. Todo chacarero contrataba por necesidades técnicas, fuera cual fuera su tamaño, en forma directa o indirecta mano de obra. En consecuencia, todo el problema se subsume a dirimir la naturaleza de nuestro personaje entre pequeña burguesía y burguesía. E históricamente es fácil observar que lo que se ha conocido como «chacarero» es un personaje difuso que va desde las 50 a las 500 has., más o menos. Es decir, lo que se nombra como «chacarero» es un constructo histórico que encubre dos situaciones distintas: pequeña burguesía y burguesía. En consecuencia, el chacarero, como tal no existe. Por ahora…

¿Es algo un chacarero?: un esbozo de respuesta

El mayor mérito del texto ya citado de Alfredo Pucciarelli es el de mostrar el grado importante de heterogeneidad de las unidades productivas. Imagen compleja que nos permite escapar al achatamiento que sumerge a todos los productores agrícolas en la cómoda categoría «chacareros». Con semejante confusión, a veces sostenida en sospechosas operaciones matemáticas que obtienen «promedios» no menos sospechosos,[v] lo que se consigue es impedir un análisis más fructífero, sobre todo cuando se examinan las transformaciones que produce la crisis. Porque «chacarero» no es una realidad homogeneizable en la misma categoría analítica. Por el contrario, bajo ese rótulo histórico se esconden diferentes personajes cuya suerte va a ser, por eso mismo, también diferente. Dentro de esta categoría histórica se encuentran las siguientes categorías analíticas: a) pequeña burguesía: parcialmente productores directos (con mano de obra familiar) y parcialmente contratistas de mano de obra asalariada. Son los productores más pequeños del agro pampeano (su límite máximo se encuentra en torno a las 200 has.), los más numerosos y los que suelen identificarse (y ser identificados) como «chacareros». Serán también los más afectados por la crisis. No son campesinos sino productores capitalistas, sufren las mismas presiones que los capitalistas y reaccionan de la misma manera. La presencia de mano de obra familiar no constituye un distorsionante importante en este último sentido. b) burguesía: contratistas de mano de obra asalariada en todas las actividades de su empresa, su piso mínimo se ubica entre las 200 y 300 has. y rara vez supera las 1000. Son los productores más importantes de la agricultura pampeana en cuanto a volumen de producción aunque la historiografía ha tendido a ignorarlos. Frente a la crisis (y esto a título de hipótesis) serán los menos proclives a acciones políticas radicales al estilo de las primeras movilizaciones chacareras. También como hipótesis, llegarán a la conducción de la Federación Agraria de la mano de Piacenza, desplazando a socialistas y anarquistas. Hipótesis es también que serán ellos los protagonistas principales de las transformaciones productivas más importantes. 

Entonces: ¿Qué es un chacarero? No se puede decir estrictamente que no exista pero tampoco se puede tomar el dato de superficie como si fuera toda la realidad. El chacarero es un constructo histórico en el nivel de las relaciones políticas en un momento concreto del desarrollo de la sociedad. Es una identidad social y política que expresa una alianza de las capas más pobres de la burguesía agraria y la pequeña burguesía donde la capa más importante subordina a los más débiles, usurpando al mismo tiempo su lenguaje y eliminando del imaginario social a la clase explotada por ambas. En concreto, Piacenza expresa a la burguesía agraria más pequeña del agro que, encabalgada en la lucha desatada desde Macachín y Colonias Trenel, se apoya en las más activas pero débiles fuerzas de la pequeña burguesía, originalmente movilizadas por socialistas y anarquistas. Dominada la pequeña burguesía, la burguesía «chacarera» mantiene sin embargo el lenguaje creado por aquella que coloca en primer lugar la construcción del «chacarero» como un productor directo en el sentido antes mencionado. Esta ideología chacarerista es la que enarbola la FAA y la que ha pasado a la historiografía en forma cruda, sobre todo aquella que adopta posiciones izquierdistas o progresistas, desde el juanbejustismo hasta el partido comunista. En una expresión un poco más radicalizada, la ideología chacarerista bordea el campesinismo. Lo importante es que el escenario imaginario que crea es el que corresponde a una estructura de clases donde los «chacareros», esencialmente productores directos, se enfrentan antagónicamente a los terratenientes en busca de elementales «libertades capitalistas» o bien en un deseo metafísico por la tierra. Siendo productores directos, los «chacareros» no reconocen la presencia en el agro pampeano de otros «productores»: los obreros.

Chacareros, burguesía y pequeña burguesía

Si los chacareros como clase no existen, ello se debe a que en realidad son el resultado de una alianza histórica de capas de una misma clase, la burguesía. Es más, son las capas más pobres de una fracción de clase: la burguesía agraria. Como tal son diferentes entre sí y sin embargo tienen intereses que las unifican. Las diferencias son fácilmente perceptibles: mientras la pequeña burguesía vive en una ambigua mezcla de relaciones, la burguesía tiene sus cuentas más claras. La pequeña burguesía es, parcialmente, productora directa, parcialmente explotadora de trabajo asalariado mientras la burguesía es exclusivamente esto último. En consecuencia, la relación que les da vida es (parcialmente para la primera) la relación de compra de fuerza de trabajo, es decir, una relación asalariada. Lo que los define claramente como explotadores, hecho guardado bajo las siete llaves de la ideología «chacarerista».

Sin embargo, la eliminación de este aspecto del análisis en beneficio de la relación con los terratenientes, es decir, la sustitución de una relación de producción (la compra-venta de fuerza de trabajo) por una de distribución (la renta), permite dejar de lado la historia «negra» de los chacareros, su rol de apropiadores de trabajo ajeno. En este sentido, ambos componentes de la alianza forman parte de la clase dominante (en el primer caso, sólo parcialmente y con dificultades). Y en este punto pocos autores han puesto de relieve que tanto o más que frente al terrateniente, estas capas más débiles de la burguesía agraria se enfrentan, antes que a nadie, con sus propios congéneres, los otros componentes de la cofradía burguesa. Pucciarelli y Arcondo, entre otros, han remarcado la importancia de este aspecto al menos lateralmente. Porque la propia dinámica del sistema impone la lucha de todos contra todos. La competencia constituye no sólo el alma misma del capitalismo sino la piedra de toque de su crítica, el marxismo. Muchos críticos de la economía clásica y neoclásica, marxistas y no marxistas, han denunciado como meramente ideológica la noción de competencia, especialmente de cara al surgimiento de los «monopolios» y las multinacionales. No es este el lugar de desarrollar teóricamente el concepto, pero sí el de explicitar que, cuando hablamos de competencia, tenemos a la vista una concepción que enfatiza su carácter bélico. Como señala Anwar Shaikh, frente a noción de competencia perfecta como un estado de armonía, se opone el concepto marxista de competencia, que define «un proceso, no un estado», un proceso destructivo y antagónico que se asemeja a la guerra.[vi] 

La competencia entre capitales no excluye la cooperación aunque parezca negar una la mínima solidaridad que exige la otra. La guerra implica tanto la competencia individual como la solidaridad de grupo, sobre todo cuando adviene la crisis. Entonces, no será raro ver desarrollarse formas de «solidaridad» capitalistas como la cartelización, la cooperativización y la acción política conjunta en defensa de su «industria» por medio de aranceles o subsidios, hasta llegar a la competencia global, en la que los estados intervienen como un solo capital contra otros estados-capitales. Obviamente, tal «solidaridad» carece de alcance universal: tiene límites claramente marcados según la ocasión, convocando a un grupo de capitales contra otros. Lo importante es que, lo que mantiene en jaque al último escalón de la burguesía, la pequeña burguesía, es la competencia entre capitales: más que temer a la explotación del terrateniente, imposible por la naturaleza de la relación que los une, lo que teme la pequeña burguesía y la burguesía agraria más débil, es la expropiación de su capital por obra y gracia de sus compañeros de ruta de mayor tamaño, desde el «ramero» a la gran empresa cerealista, pasando por sus competidores en la producción, la burguesía agraria más poderosa.

Chacareros y terratenientes

La inauguración del elevador cooperativo de Leones, en los comienzos de los `30, contó, entre otros «próceres» con la presencia del presidente de la Sociedad Rural, Federico Martínez de Hoz. Su discurso no deja de ser interesante ya que alaba la cooperación y el ejemplo de Leones, que partiendo de la provisión de mercaderías, pasó luego a la adquisición de bolsas y la negociación colectiva de la cosecha. La instalación del primer elevador cooperativo les aseguraba la independencia absoluta, ejemplo que harían bien, según M. de Hoz, en imitar todos los chacareros. El entusiasmo de Martínez de Hoz llega a imaginar a los «colonos cooperadores» vendiendo directamente al consumidor desde los elevadores cooperativos y transportando la cosecha en «buques cooperativos».[vii] Es importante notar la peculiaridad del momento: uno de los nombres más aristocráticos de la ganadería pampeana, presidente de la asociación de los grandes personajes rurales, que habían sido insultados hasta el cansancio en todo el decenio que va de Macachín y Colonias Trenel a la sanción de la ley 11.720, aparece a fines de los `20 alentando la independencia de los chacareros. Se podría pensar que se trata de un discurso hipócrita, pero habría que hacer malabares para entender por qué los chacareros lo invitaron a hablar en semejante acto, que bien podría haber sido mirado como un manifiesto de independencia frente a su tradicional explotador. Pensar de esa manera equivaldría a no entender que la oposición terrateniente-arrendatario se basa en una contradicción de intereses que pueda conciliarse y no en un enfrentamiento de vida o muerte. Por otro lado, impediría ver que nos encontramos en un momento diferente al de la segunda década del siglo. Allí, el antagonismo chacareroterrateniente estaba en primer plano porque el peso de la renta era superior a todos los demás costos. Por eso, el comercio y los obreros podían ser interpelados como posibles aliados, mientras que el mayor conflicto era contra subarrendadores y terratenientes. Pasado el conflicto, la renta bajó a niveles inferiores a los de 1912. Esto explica que el conflicto con los terratenientes no renaciera. El eje pasó a colocarse donde sí podía lograrse un cambio substancial: el costo laboral y la intermediación comercial. Ahora son los terratenientes los aliados y esta alianza se muestra en varios puntos, pero sobre todo en el beneplácito con que la FAA y la SRA reciben la noticia del envío de tropas a Santa Fe y Córdoba para reprimir las huelgas de braceros de 1928-9, en el acuerdo para la construcción de la red de elevadores y en el desarrollo de las cooperativas. El mismo Duhau, futuro ministro de Justo, el gobierno que negociará muy duramente la participación argentina en el congreso mundial del trigo, alentará a los chacareros a constituir organizaciones como las canadienses.11 Esto último es prueba de la alianza chacareroterrateniente, unos en defensa de la ganancia capitalista y otros de la renta. Ambos planean superar la crisis haciéndosela pagar al sector comercializador y a los obreros. 

Contra los terratenientes, los chacareros esgrimieron en la primer instancia que los encontró frente a frente, la única estrategia posible: renunciar a poner en marcha el proceso productivo. Eso podía llevarse adelante de dos maneras: primero, levantando el capital y girándolo hacia otras áreas de la economía; segundo, organizando la representación colectiva de la clase, imponiendo artificialmente el fin de la competencia interna por la tierra. El primer modo implicaba la enajenación definitiva de la tierra y su modo de vida. No les costaba demasiado, habida cuenta de la vida errante de todo inmigrante. La dificultad surgía del hecho que esta decisión normalmente llegaba cuando el pequeño capital estaba comprometido por las deudas acumuladas tras varios años de cosechas difíciles. Hacia 1910 era posible concluir que un ciclo de buenos años había finalizado y que era mejor abandonar la tierra. Pero nadie piensa en eso cuando todo parece ir más o menos bien. De modo que, por lo general es el chacarero el que abandona la tierra pero no su capital, que ha sido expropiado por terratenientes, rameros, bancos, etc. Normalmente, el chacarero abandona la tierra cuando ya su capital lo ha abandonado a él. Hacia 1910-12 la única opción era quedarse y pelear. 

A pesar de la orientación socialista y anarquista de muchos de los fundadores de la FAA, a lo largo de la década del `10 se va perfilando el dominio de una facción de extracción deliberadamente pro burguesa encabezada por quien va a monopolizar la jefatura de la organización por más de 30 años, Esteban Piacenza. Esta línea, sin duda, calzaba mejor con el carácter del chacarero pampeano. Los anarquistas son raleados rápidamente, muchos de ellos, como los hermanos Menna de Firmat, por la vía rápida del asesinato. Hablando de revolución social, los anarquistas no tenían nada que ofrecer a los chacareros. Los socialistas nunca pudieron elaborar una política coherente, entrampados en las convicciones intelectuales de Justo. Aún en el momento más álgido, la marcha sobre Buenos Aires, en 1921, los chacareros no tuvieron más objetivo que exigir la sanción de la ley que impusiera plazos de arrendamiento más largos, a pesar de las declaraciones de «emancipación» que delegados como Boglich firmaron en San Pedro con los titulares de la FORA.[viii] No fueron estas las únicas apelaciones políticas que debieron enfrentar los chacareros. Sabida es la vinculación con el radicalismo y, menos conocida, pero muy importante, la de la Liga Patriótica.[ix] Lo importante es que la línea que se va acentuando en la conducción de la FAA es la que propone una solución de la crisis que siga la más estrecha línea de acción capitalista: la crisis sólo puede solucionarse siguiendo aquellos remedios exclusivamente capitalistas, sin contar como tal atentar contra la propiedad privada.  En efecto, la movilización chacarera no aspira a revolución alguna. Por el contrario, la FAA inmediatamente se apura a disipar cualquier duda sobre sus verdaderas intenciones, las más de las veces, en boca de Piacenza. Los métodos preferidos para enfrentar la subida de la renta y la reducción de los plazos fueron, además de la movilización política (que incluyó amagos de formación de un partido propio) el incremento de la composición orgánica del capital (que examinaremos más adelante), incorporando máquinas que redujeran el costo de la mano de obra, y aumentando la productividad de la tierra mediante la introducción de nuevas variedades de semillas y el paso a actividades más intensivas, como la orientación tambera que van a seguir los colonos del centro de Santa Fe.14

Chacareros y obreros

La relación de los chacareros con los obreros fue siempre ambigua. En algunos casos y para acuerdos puntuales podían ser aliados, pero eran enemigos estructuralmente hablando. Incluso las formas que el juanbejustismo gustaba imaginar como de «capitalismo con rostro humano» como se decía hasta no hace mucho, las cooperativas, agudizaban el conflicto de clase. Estas tomarán impulso durante la segunda década del siglo, de la mano de la FAA, que actuaba también como cooperativa «de facto» al mismo tiempo que alienta un movimiento cooperativo formal. Por lo tanto, nuestro capitalista colectivo, la cooperativa, aparece en escena como el instrumento más adecuado para capturar parte del proceso productivo que había escapado de las manos del chacarero como la trilla y la desgranada. El chacarero cooperativista, no sólo es más eficiente, sino que es más capitalista, controla más el proceso productivo y aumenta su capacidad de retención de plusvalía. Hasta tal punto llegaba esto que se nota incluso en la relación que trazan los chacareros «solidarios» (asociados en cooperativas) con los obreros. De paso por Oncativo, uno de los organizadores de la FAA, Narciso Gnoatto, recala en la Sociedad de Agricultores Unidos. Habla a los socios, los insta a enlistarse en la FAA y celebra la actitud de los mismos que han llegado a acuerdos de apoyo mutuo con los obreros estibadores y los carreros. Esto no entrañaba ningún problema porque ambos, chacareros por un lado y carreros y estibadores por otro, tenían relaciones conflictivas con los acopiadores, por lo que había bases para acuerdos de mutuo beneficio. Sin embargo, Gnoatto relata, con sorpresa para él, la actitud de la cooperativa en el conflicto entre obreros y acopiadores: mientras los agricultores se solidarizaron con los obreros, la cooperativa se niega a hacerlo, porque, como explica su gerente, aceptar las condiciones de los obreros,

«… SI BIEN FAVORECERIA LOS INTERESES DE LOS SEÑORES COLONOS COMO TALES, IRIA EN CONTRA DE LOS MISMOS EN CALIDAD DE MIEMBROS DE ESTA COOPERATIVA. Repetimos que SEREMOS LOS ULTIMOS en aceptar con el mayor placer (?!) lo que se acepte primero por todo el comercio de la localidad.»[x]

No se trata de un caso de alucinante esquizofrenia sino de la consecuencia lógica del avance capitalista de los chacareros, que ahora se enfrentan como tales a los obreros no sólo en el área de la producción sino también en la del transporte y almacenaje. No podía, entonces, ser más coherente la posición del «jerente» de la cooperativa, que no hacía más que reconocer la realidad de las relaciones en las que se hallaba inmerso.

Pequeña burguesía, farmers y chacareros

Dejando de lado las opciones que consideran al chacarero como campesino, es interesante observar la propuesta de Harriet Friedman acerca de la producción mercantil simple (PMS) en tanto su obra constituye el intento más serio para negar el carácter capitalista del productor familiar.[xi]

Esta autora desarrolla, frente al concepto campesino una crítica que creemos adecuada y suscribimos. Como modo de distinguir a aquellos productores asociados al nombre «farmer» de los campesinos, desarrolla el concepto de forma de producción mercantil simple. Esta forma de producción, concretamente el «farm» (la chacra, diríamos en castellano) se caracterizaría por mano de obra familiar estrictamente, combinada con una muy importante dotación técnica y una amplia mercantilización de la producción y la reproducción, participando del mercado capitalista sin ser una empresa capitalista. Como tal, constituiría una forma de producción que se caracterizaría por carecer de división de clases en su interior: el mismo sujeto (la familia) es ambos sujetos a la vez (obrero y burgués). La ventaja que le otorgaría la mano de obra familiar radicaría en la posibilidad de funcionar sin exigir la producción de ganancia y por la posibilidad de aumentar los niveles de autoexplotación y, por lo tanto, reducir lo que en en una empresa capitalista sería el peso del CV. Históricamente, esta ventaja se habría hecho evidente con la aparición de la economía farmer a gran escala en los años `90 del siglo pasado, cuando la producción capitalista de cereales en Europa fue desplazada por la producción no capitalista de América y Australia. El trabajo de Friedman es, ciertamente, notable, lo que no impide que incurra en algunos errores y no pocas contradicciones:

  1. En primer lugar, la autora supone que la producción mercantil simple (PMS) excluye toda mano de obra que no sea familiar. Sin embargo, sabido es que, en el período que ella analiza, la «chacra» típica tenía una importante participación de mano de obra asalariada temporaria. Suponemos, porque ni siquiera lo menciona, que conoce este hecho pero, como a la inmensa mayoría de los autores, aquí y allá y en cualquier lado, el carácter estacional del trabajo asalariado la ha confundido llevándola a suponer despreciable su peso en el proceso productivo. No podemos explayarnos aquí sobre el asunto, pero sí podemos señalar que esto no hace otra cosa que ignorar la diferencia entre tiempo de trabajo y tiempo de producción. El primero mide la cantidad de tiempo en la que efectivamente se crea valor nuevo, es decir, durante el cual se incorpora trabajo humano, mientras el segundo mide la duración del proceso productivo completo incluyendo los tiempos muertos, es decir, aquellos en que no actúa el trabajo humano y por lo tanto, no se crea valor. Siendo así, en actividades como la agricultura, donde los tiempos de trabajo se hallan concentrados en los polos del proceso productivo, mediando una enorme cantidad de tiempo muerto intermedio, la diferencia entre tiempo de producción y tiempo de trabajo es muy grande.
  2. Lo que significa que, a los efectos del proceso productivo de cereales, que el chacarero esté en la chacra durante los doce meses del año no equivale a decir que trabajó un año entero, más o menos lo que equivale al tiempo de producción. En realidad, el tiempo efectivo de trabajo del chacarero suma no mucho más que dos o tres meses. Ahora podemos replantear el problema. Midiendo tiempos de trabajo respectivos, trabajo familiar versus trabajo asalariado, se evidencia el enorme peso de este último. Hemos desarrollado en otro trabajo este punto[xii] y podemos exponer algunas conclusiones provisionales: para el más pequeño chacarero de trigo y maíz, cerca de las 100 has., el peso de la mano de obra asalariada equivale al 40% del valor total producido. 
  3. Si esto es correcto, la idea de que ninguna división de clases atravieza a la forma PMS es incorrecta. Hay, en realidad, dos clases: en la parte más importante del proceso productivo cerealero, en la cosecha,[xiii] el asalariado tiene una participación clave, lo que significa que, en ese momento, el farmer\chacarero actúa como burguesía. En realidad, el proceso mismo de acumulación lleva al chacarero\farmer a constituirse al menos parcialmente en un burgués.
  4. Friedman toma al PMS como un todo homogéneo, con lo cual borra el sentido de proceso de la historia. Es así como no puede ver que cuando mayor sea la chacra\farm más acusado será el carácter burgués del productor familiar. Por el contrario, cuanto menor sea, comienza a producirse la aparición del asalariamiento de la propia mano de obra familiar, con la cual, la forma PMS nuevamente incluye dos clases, solo que ahora por abajo, es decir en un momento importante del proceso productivo, la cosecha o la siembra, el exceso de mano de obra familiar se comportará como asalariado fuera del farm.
  5. Sólo en el hipotético caso de una perfecta correlación entre la disposición de mano de obra familiar y las necesidades de mano de obra para la chacra\farm, puede suponerse que la familia constituye una unidad indivisa y autosuficiente. Ante la menor desproporción en uno u otro sentido la «armonía» se romperá y aparecerá la división en clases. Ahora bien, en el período que Friedman estudia, la tecnología disponible para la producción de cereales hacía virtualmente imposible el no empleo de asalariados, en la cosecha por lo menos.
  6. El desarrollo de la PMS americana y australiana, es cierto, puso contra las cuerdas a la producción capitalista europea. Sin embargo, no ocurrió lo mismo en Argentina.[xiv] Si la PMS desplaza al capitalismo por sus ventajas en la eficiencia final, por qué no lo hizo en todos lados? Por qué podían convivir en Argentina PMS con empresas capitalistas? El argumento podría ser llevado al caso europeo: como hizo la empresa capitalista para desplazar a la PMS en Inglaterra?
  7. Esto nos lleva al núcleo de la «ventaja» competitiva de la PMS, que según Friedman yace en dos elementos: a) la no necesidad de obtener ganancia y b) la posibilidad de superexplotar la mano de obra familiar. Sobre el punto b, si bien es cierto, es también relativo: la mano de obra familiar sólo está disponible durante un momento de la vida, la que va desde los 10-14 hasta los 20-25 años. Al llegar a la madurez los hijos se independizan y, en un contexto de expansión violenta y facilidades de acceso a la tierra como el de 1880-1930, las posibilidades de retener la mano de obra familiar deben haber sido escasas y aún contraproducentes si se piensa en las estrategias de acumulación familiar, donde la independencia de los hijos es parte de la ampliación de la unidad productiva. Pero, lo más importante es que incluye la presuposición falsa de que el asalariado no puede ser explotado al mismo nivel que la mano de obra familiar. Esa circunstancia depende del contexto histórico concreto y no puede darse por sentada. Pero hay algo más aún: los obreros sólo cobran su salario cuando trabajan, los miembros de la familia deben ser mantenidos todo el tiempo, incluyendo el tiempo muerto. Por lo tanto, para producir el mismo valor, el asalariado sólo cobrará tres meses de salario mientras el familiar debe ser mantenido durante 12. Por mucho que sea la superexplotación familiar, por mucho que los familiares colaboren el resto del año en la producción de sus alimentos (huerta, por ejemplo), parece difícil que la diferencia a favor de la PMS en este aspecto sea muy sustanciosa. Se podría argumentar que durante el resto del año el familiar sale a conseguir salarios, pero entonces ya no hablamos de PMS en los términos de Friedman, sino de un semiproletario, alguien a quien sus propios medios de producción no le alcanzan para reproducirse. 

El primer punto merece mayor discusión. Si bien es correcto que la PMS puede reproducirse sin necesidad de ganancia, puesto que le basta con obtener un precio que pueda reproducir el CC y el CV[xv], siendo este más barato que igual magnitud de trabajo asalariado (lo que en la práctica implica una menor necesidad de CV). En estas condiciones, cualquier empresa capitalista se fundiría inmediatamente en el mismo momento en que se transpusiera hacia abajo el límite fijado por CC + CV + G. Pero esto es relativo, puesto que la empresa capitalista puede limitarse a la reproducción simple, con lo que la magnitud de la ganancia no tiene por qué exceder el consumo particular del capitalista, lo que permitiría a este achicar diferencias. Pero, por otro lado, por la competencia constante que enfrenta el PMS se ve obligado no a la mera reproducción simple sino a la reproducción ampliada, con lo cual, el PMS debe obtener más que lo estrictamente necesario para la reproducción simple (CC+CV). Esto es muy importante si se recuerda que para los pequeños productores todos los costos tienden a ser mayores que para los más grandes, desde la semilla hasta las máquinas o el crédito, sin contar los arrendamientos, mucho mayores en proporción para los más chicos que para los más grandes. En realidad, el único costo que pareciera ser menor para la PMS que para las empresas capitalistas, es la mano de obra. 

Por eso es necesario repensar el costo del CC para ambos tipos de producción. Por ejemplo, cuanto más pequeño es el predio, más ineficiente es el CC. Una trilladora será subutilizada por una chacra de 100 has., pero tendrá un uso óptimo en una de 500 a 1.000. Y así podríamos seguir con todo lo que Kautsky ya señaló con gran detalle hace casi 100 años. Esto nos permite acercarnos a otro supuesto fuerte de Friedman, a saber, que la óptima utilización de recursos coincide exactamente con el modelo de unidad productiva que sólo requiere mano de obra familiar. En el caso argentino, tal situación coincidiría exactamente con el chacarero maicero de 50 has. Debería explicar Friedman por qué tal personaje sólo alcanza un porcentaje cercano al 5% en el total de la producción maicera pampeana siendo el productor más eficiente… La única conclusión posible es que el óptimo de eficiencia productiva se encuentra en un punto intermedio entre la empresa capitalista y la PMS que incluye un importante porcentaje de mano de obra asalariada. Esto es lo único que puede explicar que puedan sobrevivir en el mismo espacio (la pampa húmeda) empresas capitalistas con las que aparentemente no lo son.  7) Existe otro punto importante que es necesario remarcar: no es sólo que si la diferencia establecida por las «ventajas» de la PMS fueran tan importantes, no sólo desplazarían a toda producción capitalista en cualquier lado sino que la misma producción capitalista no hubiera surgido nunca y no sólo en la agricultura. En efecto, la PMS puede darse en otros sectores de la economía, y es dable esperar que con los mismos resultados. Y sin embargo, es evidente que no sucedió tal cosa porque, de lo contrario, no existiría el capitalismo. Por lo tanto, la explicación de Friedman a la permanencia de la PMS en la agricultura no alcanza. Hay que explicar cuál es la peculiaridad de la agricultura que hace que sólo allí (con unas pocas excepciones más) la PMS sobreviva. 

No vamos a extendernos más sobre este punto, pero sí es necesario que concluyamos ofreciendo nuestra solución al problema. 1) Por empezar, debe rechazarse la categoría campesino para cualquier contexto claramente capitalista: el mismo productor familiar sacado de la trama feudal (o cualquier otra no capitalista) y puesto en un contexto capitalista no puede hacer otra cosa que, o bien proletarizarse o bien transformarse a la PMS. El problema es cómo caracterizar a ésta. Friedman propone constituirla en una forma de producción específica con su propia lógica. Dado que la construcción que propone no se adecua a la realidad, tal posición no puede aceptarse. La PMS se comporta y reacciona ante el mercado como cualquier empresa capitalista. La única diferencia seria es que no contendría en su interior relaciones de clase, pero hemos visto que tal cosa no es así, por lo que la diferencia pasa a ser de grado y no de especie. Entre un chacarero\farmer y una empresa capitalista la diferencia pasa por la magnitud de trabajo asalariado de la que dependen, que en un caso permite al capitalista independizarse del trabajo y en el otro no. Esta situación es ambigua, propiamente transicional y por lo tanto, no puede constituirse en el seno de una entidad definida en sí misma sino en función de las tendencias que operan en ella. Y las tendencias son las mismas que operan en toda la economía capitalista, con las peculiaridades que el ámbito rural opone al capital. Es necesario aclarar que todos los ámbitos de la realidad oponen resistencia al capital. Que al capital le cueste más vencer tal resistencia en la agricultura no implica que tenga vía libre en todo lo demás. Cada ámbito de acción específico opone resistencias específicas. En el caso de la agricultura no es sólo la propiedad privada (y su consecuencia inmediata, la renta) sino además la naturaleza misma. El capital está atado a sus ritmos y hasta ahora sus esfuerzos sólo lentamente han podido ir condicionandolos, hasta que al fin pueda dominarlos. Mientras tanto, igual que en muchos otros campos, crea condiciones para la actuación de pequeños capitales, que se instalan en el espacio abierto por las dificultades del capital de imponer su ritmo y condiciones. Ese espacio es ocupado por un sujeto social muy parecido a la burguesía aunque no del todo: la pequeña burguesía. La chacra\farm no es más que un tipo específico de empresa capitalista que se ubica en aquellos sectores en los que el capitalismo no puede desarrollarse a pleno, allí donde el proceso de acumulación, concentración y centralización del capital encuentran notables resistencias. Piénsese en los video clubs: por su propia naturaleza deben ser pequeños y estar dispersos. Esto significa que las ventajas que el capital puede imponer del mayor tamaño, la concentración de los procesos productivos y la mayor eficiencia en el uso del capital, encuentra un tope rápidamente. Esas ventajas comienzan a diluirse al aumentar los gastos de administración, control de los empleados, dificultades para evadir cargas sociales e impuestos, seguros, etc. En esas condiciones, las posibilidades de los pequeños capitales se multiplican porque el límite de la eficiencia se encuentra ubicado muy abajo. Ha medida que el proceso de acumulación se desarrolla aumentan las dificultades para la PB que se ve obligada a capitalizarse constantemente adaptándose al progresivo dominio del capital en el espacio en cuestión. Este ni es un proceso lineal ni tiene por qué excluir retornos al lugar de partida, pero aún en la agricultura, es visible la clausura creciente de espacios para la PB. Un chacarero es un pequeño burgués, es decir, un tipo específico de burguesía, operando en el espacio concreto de la región pampeana. Este espacio se define a partir de coordenadas estructurales, tanto como histórico culturales.

La pequeña burguesía se define precisamente por poseer medios de producción y explotar mano de obra asalariada parcialmente, de manera tal que el dueño del capital no puede abandonar el proceso productivo. Como señaló Marx:

Claro que también él (el capitalista) puede intervenir directamente en el proceso de producción, como un obrero más, pero en ese caso no sera más que un término medio entre el capitalista y el obrero: un pequeño artesano. Y al llegar a un cierto nivel de desarrollo, la producción capitalista exige que el capitalista invierta todo el tiempo durante el cual actúa como capitalista, es decir, como capital personificado, en apropiarse, y por tanto en controlar el trabajo de otros, y en vender los productos  de este trabajo.[xvi]

Es decir, el desarrollo propio de la actividad económica lo transporta hacia el cielo prometido de la burguesía, promesa de ascenso social que no siempre se cumple (quizás las menos de las veces) pero que alimenta en él la fidelidad al capitalismo que constituye una de las cartas ganadoras de la burguesía en su lucha frente al proletariado. La inversa también puede darse: en la medida en que está subordinada a sus hermanos mayores, la pequeña burguesía suele revelarse frecuentemente con grados diversos de radicalismo, hecho que no impide posteriores «reversiones de alianzas»: durante la decada del ’10 los chacareros trazaron alianzas efimeras con la clase obrera en su lucha contra los arrendamientos y los sistemas asfixiantes de comercialización, precisamente exigiendo el cumplimiento de la promesa (es decir, que se le limpie de obstáculos el camino de la acumulación capitalista). Al final de la decada siguiente, cuando el problema se trasladó a los precios internacionales, los mismos chacareros se sumaron al resto de la burguesía para reprimir ferozmente y ejército mediante las demandas salariales de los braceros, que amenazaban con aguar la sangre que irriga los corazones de la burguesía, es decir, la plusvalía.

El mismo Marx, citando al reverendo Richard Jones, señala con justeza: «La clase capitalista se ve desligada, primero de un modo parcial y por último totalmente, de la necesidad de desarrollar un trabajo manual»[xvii]. Es en este sentido que preferimos considerar a la pequeña burguesía como una capa, la más pobre, de la burguesía. Podemos aceptar, entonces, lo que señala Marin:

No se trata de una clase (la pequeña burguesía) se trata de una situación, del sector que está en un proceso de formación -descomposición o recomposición- hacia el proletariado o hacia la burguesía. Por supuesto que es obvio que la cantidad de individuos que personifiquen esas relaciones, así como los que señalen la tendencia hacia uno u otro lado, dependerá -y señalara- en qué etapa de su desarrollo se encuentra la sociedad específica. Hace a la periodización de las sociedades. Es por ello que siempre habrá dos versiones necesariamente: obrera o burguesa. Los primeros asumen al conjunto total de los individuos-ciudadanos de la clase obrera; y los segundos sólo a una parte de los mismos.[xviii]

Que el chacarero sea un PB dice mucho en general pero poco en particular. Porque aún compartiendo el género, chacareros y farmers no pertenecen a la misma especie. Entonces, la afirmación de Ansaldi, «un chacarero es un chacarero» es válido para la especie, aunque no para el género. Teniendo en cuenta esta salvedad, la afirmación es útil cuando lo que se busca es el examen particular de una situación histórica concreta.

Las muchas formas de ser chacarero o ¿Que querían los chacareros?

Uno de los errores que aquí intentamos combatir es atribuir a los actores conductas desgajadas de su contexto histórico específico, posición común a las expresiones del marxismo vulgar en la problemática agraria, a la ideología oficial de la FAA, donde el deseo de conquistar la tierra aparece en los chacareros como una manifestación metafísica.[xix] Los «chacareros» eran expresión de una realidad burguesa. En consecuencia, la lógica que los guiaba tenía que ver tanto con los incentivos personales como con las presiones propias de la realidad que constituía su marco de acción. En consecuencia, más allá de lo que quisiera o desearan, la dinámica de la economía favorecía la expansión de la unidad productiva frente a asegurarla (relativamente) con la propiedad. Decimos «relativamente» porque comprar la tierra significa inmovilizar capital por la vía de adelantar la renta. Ese capital podía utilizarse para expandir la unidad productiva y «promocionar» de clase, pasando de pequeña burguesía a burguesía. Cuando la renta alcanzó su punto máximo muchos chacareros pudieron sentir que era un problema y que se encontrarían mejor si hubiesen comprado la chacra tiempo atrás. Sin embargo, ese era un sentimiento novedoso para la mayoría de ellos, que habían preferido otra cosa, como la abundante prueba existente lo confirma. Atribuir a los chacareros un deseo metafísico, es decir naciendo desde el «alma campesina», en lugar de examinar las alternativas económicas que estaban a su disposición y resultaban más racionales, no caracteriza a un buen historiador sino a un comprador de buzones que ha creído a pie juntillas a los ideólogos del «productor pampeano».

Por otra parte, la experiencia de los chacareros pampeanos es muy heterogénea: desde las experiencias de las colonias (y las hay de varios tipos) hasta el arrendamiento independiente, la propiedad individual, las colonias judías, un entramado de historias diferentes rehúye cualquier simplificación superficial. 

Conclusión provisoria

¿Qué es un chacarero? La alianza de las capas más pobres de la burguesía agraria que se manifiesta en el momento de crisis de la sociedad capitalista, momento en el que la reproducción de las condiciones generales de existencia de la misma son cuestionadas por el propio desarrollo del capital. Esta alianza asume la forma histórica del cuestionamiento a la distribución de la plusvalía en el seno de la burguesía agraria en particular y de la burguesía en general y constituye la expresión de una forma de organización de la sociedad que sólo puede sobrevivir sobre la base de una profunda reestructuración, es decir, a través de la depuración que la misma crisis debe operar en el seno de la clase dominante. 


[i] Ste Croix, G.: La lucha de clases en el mundo griego antiguo, citado por Callinicos, Alex: Making history, Polity Press, London, 1995

[ii] Cohen, Gerald: La teoría de la historia de Karl Marx, Siglo XXI, México, 1990 El mismo autor aclara que: «Dado que las relaciones de producción constituyen la estructura económica de una sociedad, esta estructura está determinada por la distribución en ella de los derechos (efectivos) de propiedad sobre las personas y las fuerzas productivas.» (p. 38)

[iii] Sobre la idea de un «set» de relaciones sociales fundando el conjunto de la vida social, Brenner, Robert: «…» ; sobre la definición de «base económica», Cohen op. cit.; sobre la utilización equivalente de «sociedad» y «formación social», Anderson, Perry: El estado absolutista, Siglo XXI, México, 1986.

[iv] Este apartado basado en Gramsci fue desarrollado en forma colectiva por el Grupo de Historia de la Izquierda Argentina (GIA): «Gramsci, la vida histórica y los partidos.», en Razón y Revolución nº 4, otoño de 1998.

[v] Véase por ejemplo Palacio, Juan Manuel: «Jorge Sabato y la historiografía agraria pampeana. El problema del otro», en Entrepasados, nro. 10, año V, comienzos de 1996. 

[vi] Para un mayor desarrollo de este tema, ver Shaikh, Anwar: Valor, acumulación y crisis, Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1991, p. 83 y ss.

7 Ansaldi, Waldo: La pampa es ancha y ajena. La lucha por las libertades capitalistas y la construcción de los chacareros como clase, Ponencia presentada en las Terceras Jornadas Interescuelas Departamentos de Historia de Universidades Nacionales, Facultad de Filosofía y Letras, UBA, set. 1991, p. 3. Los autores citados son: campesino: Asinari, Amanda, «Aportes para la historia rural. Surgimiento del movimiento campesino: el Grito de Alcorta en Córdoba.», en Instituto de Estudios Americanistas, Homenaje al Doctor Ceferino Garzón Maceda, Universidad Nacional de Córdoba, Dirección General de Publicaciones, Córdoba, 1973; Fuchs, Jaime: Argentina, su desarrollo capitalista, Cartago, Bs. As., 1965; Grela, Plácido: El grito de Alcorta, CEAL, (Biblioteca politica argentina, nro. 107), Bs. As., 1985 y Alcorta. Origen y desarrollo del pueblo y de la rebelión agraria de 1912, Litoral Ediciones, Rosario, 1975; Kohen, op. cit.; expoliado por abusos feudales: García, José María, Reforma agraria y liberación nacional, CEAL, Bs. As., 1987; campesino capitalista: Boglich, Jose: La cuestion agraria, Bs. As., 1937; capitalista de origen campesino o productor familiar capitalizado: Murmis, Miguel, «Sobre una forma de apropiación del espacio rural: el terrateniente capitalista pampeano y un intento de transformarlo», en Murmis, Miguel, José Bengoa y Osvaldo Barsky: Terratenientes y desarrollo capitalista en el agro, Ediciones Ceplaes, Quito; farmer: Taylor, C.: Rural life in Argentina, Baton Rouge, 1946; Archetti, Eduardo y Stolen Kristi Anne: Explotacion familiar y acumulación de capital en el campo argentino, S. XXI, Bs. As., 1975; prefarmer: Mascali, Humberto: Desocupacion y conflictos laborales en el campo argentino (1940-1965), CEAL (Biblioteca politica argentina nro. 139, 1986; productor directo expoliado por la clase terrateniente: Peña, Milcíades: Industria, burguesía industrial y liberación nacional, Ediciones Fichas, Bs. As., 1974; pequeña y mediana burguesía: Bonaudo, Marta y Godoy Cristina: «Una corporacion y su insercion en el proyecto agroexportador: la Federacion Agraria Argentina (1912-1933)», en Anuario, nro. 11, Rosario, 1985, pgs. 151-216; pequeño productor capitalista: Borón Atilio y Juan Pegoraro: «Las luchas sociales en el agro argentino», en Pablo González Casanova (Coord.), Historia política de los campesinos latinoamericanos, Siglo XXI; pequeño productor mercantil y pequeña burguesía rural propietaria: Pucciarelli, Alfredo: El capitalismo agrario pampeano, 1880-1930, Hyspamerica, Bs. As., 1986; agricultor arrendatario: Arcondo, Anibal: «El conflicto agrario argentino de 1912. Ensayo de interpretación», en Desarrollo económico, nro. 79, Bs. As., oct-dic 1980; burguesía agraria frustrada: Pérez Brignoli, Héctor: «Los intereses comerciales en la agricultura argentina de exportación, 1880-1955», en Enrique Florescano (comp): Orígenes y desarrollo de la burguesía en America Latina, 1700-1955, Nueva Imágen, México, 1985.

[vii] Sociedad Rural Argentina, Anales, 1930, p. 557

[viii] Ver Sartelli, Eduardo: «Sindicatos obrero-rurales en la región pampeana» en Waldo Ansaldi (comp.): Conflictos obrero-rurales pampeanos, CEAL, Bs. As., 1993, tomo 3

[ix] Ver sobre todo Bonaudo y Godoy, op. cit., p. 199 y ss. para el radicalismo. La FAA vio a la Liga como un competidor poderoso, capaz de moverse en su propio terreno. Son abundantes las denuncias desde La Tierra, de las actividades liguistas. Véase, como ejemplo, 28/1/21 y 1/3/21. Una descripción de la actividad de la Liga puede verse en Sartelli, Eduardo: «Celeste, Blanco y Rojo. Democracia, nacionalismo y clase obrera en la crisis hegemónica (1912-1922)», en Razón y Revolución, nro. 2, Primavera de 1996.

[x] Los signos entre paréntesis y las mayúsculas son del propio Gnoatto. La Tierra, 15/2/21 Otros ejemplos de conflictos obreros con cooperativas o chacareros asociados, ver La Tierra, 11/3/21.

11Ver Duhau, Luis: «Los elevadores de granos en el Canada», en: Sociedad Rural Argentina, Anales, 1928, p. 227 No estará de más recordar que Duhau poseía más de 4.500 has. sembradas en sus propiedades en Colón, Guaminí, Dolores y General Conesa (Ver Newton, Ricardo: Diccionario biográfico del campo argentino, Bs. As., 1972, p. 155)

[xi] Los textos sobre los que nos basamos son Friedmann, Harriet: «World Market, State, ande Family Farm: Social Bases of Household Production in the Era of Wage Labor», in Comparative Studies in Society and History, vol. 20, nro. 4, oct. 1978 y «Household Production and the National Economy: Concepts for the Analysis of Agrarian Formations», en Journal of Peasant Studies, 1980

[xii] Ver mi texto «La vida secreta de las plantas», en Escuela de Historia, UNR, Anuario, nº 17, 1997

[xiii] Por encima de las 100 has. comienza a emplear asalariados también en la siembra.

[xiv] No contamos datos sobre Australia, Canadá y Estados Unidos, pero presumimos que es posible.

14Esta reorientación productiva fue una de las salidas a la crisis, que, no obstante, también requirió la formación de cooperativas. Para el surgimiento de las mismas, su lucha contra la DAYRICO y la creación de SANCOR, ver Grela, op. cit., p. 271 y ss.

[xv] Utilizamos estas expresiones por comodidad, sin desconocer que como tales categorías no existen en el PMS.

[xvi] Marx, C.: El Capital, FCE, México, 1986, p. 246

[xvii] Ibid., p. 247, nota 4

[xviii] Iñigo Carrera y Podestá (1989), p. 21, nota 1. Una posición similar puede verse en Lenin

[xix] Un ejemplo de este tipo de desatinos historiográficos se encuentra claramente representado por el texto de Palacios, op. cit.


[1] El presente texto constituye sólo un borrador de uno de mayor envergadura todavía en preparación. Se ruega no citar o hacerlo dejando constancia de esta salvedad. 

Publicado en Tierra y libertad y etiquetado , .

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *